Publicado el 13/08/2025 por Administrador
Vistas: 116
Decenas de exmilitares colombianos han terminado combatiendo en el conflicto civil de Sudán, integrados a las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF), un grupo paramilitar enfrentado al ejército sudanés. La mayoría llegó allí tras ser reclutada con promesas laborales que no revelaban el verdadero destino ni el riesgo que implicaba la misión.
El proceso comenzó con ofertas gestionadas por empresas privadas de seguridad, que presentaban contratos para labores de protección en el extranjero. Los seleccionados fueron enviados inicialmente a Emiratos Árabes Unidos, luego trasladados a Libia y finalmente al convulso territorio de Darfur, donde fueron incorporados a unidades de combate.
Las autoridades sudanesas acusan a Emiratos Árabes Unidos de financiar y facilitar la llegada de estos combatientes extranjeros, aportando logística y armamento a las RSF. El episodio más dramático ocurrió cuando un avión militar emiratí, que transportaba mercenarios colombianos y material bélico, fue derribado por la fuerza aérea sudanesa en Nyala, provocando la muerte de decenas de ellos.
La ONU confirmó la presencia de colombianos en el conflicto, lo que llevó al gobierno de Gustavo Petro a abrir una investigación para identificar a los involucrados y coordinar posibles repatriaciones. El presidente calificó esta situación como inaceptable y anunció que buscará mecanismos legales para impedir que ciudadanos colombianos participen en guerras extranjeras.
Este caso refleja cómo la precariedad económica y la falta de oportunidades pueden empujar a exmilitares a aceptar trabajos sin claridad sobre su alcance, quedando atrapados en conflictos lejanos y peligrosos. También expone el papel de redes privadas y alianzas internacionales que utilizan a combatientes extranjeros como pieza de estrategia en guerras que no les pertenecen.